Infecciones del sistema nervioso

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Infecciones del sistema nervioso Actualmente, los resultados de los tratamientos son casi siempre satisfactorios, debido a la gran cantidad de antibióticos y la mayor disponibilidad de estudios de neuroimagen, como TAC y RMN de generaciones avanzadas El absceso cerebral es una colección purulenta localizada dentro de la cavidad craneal; de acuerdo a su localización, puede ser epidural, subdural, parenquimatoso, de fosa posterior, y demás.

Los abscesos son doblemente frecuentes, en promedio, en hombres que en mujeres. Los factores de riesgo incluyen el uso de drogas, SIDA, infecciones pulmonares, fístulas arteriovenosas pulmonares, endocarditis bacteriana, heridas traumáticas penetrantes del cráneo, entre otros. La forma de diseminación más frecuente es a través de la vía hematógena; los abscesos por esta vía son múltiples hasta en un 50 por ciento de los casos; no hay causa demostrable en aproximadamente 25 por ciento de los casos.

En general, el pecho es la fuente más común de diseminación; en adultos, los abscesos pulmonares, bronquiestasias, empiema; en los niños, la enfermedad cardiaca congénita de tipo cianótico. Hay cuatro etapas en la evolución del absceso cerebral y que son determinadas mediante TAC de cráneo y/o resonancia magnética cerebral: cerebritis temprana, cerebritis tardía, cápsula temprana, capsula tardía. Estas etapas son, en su mayoría, orientadoras en el tratamiento a seguir. ¿Cómo se trata? No hay un método ideal para tratar el absceso cerebral.

El tratamiento puramente médico está indicado en la etapa de cerebritis; es decir, antes que el absceso esté completamente encapsulado. En lesiones de menos de tres centímetros de tamaño, en que la duración de síntomas sea de menos de dos semanas, la respuesta al manejo médico la primera semana puede ser satisfactoria.

Hay ahora una serie de medicamentos solo o en asociación, que se determinarán en relación a los cultivos, más la causa del absceso, así como las condiciones generales del paciente. Cuando se indica el manejo quirúrgico, deberá considerarse el efecto de masa sobre el cerebro del absceso cerebral, dificultad diagnóstica, proximidad a los ventrículos laterales, evidencia de hipertensión intracraneal progresiva, así como la condición neurológica hacia el deterioro.

El manejo quirúrgico más común es mediante punción cerebral, ya sea a manos libres, guiada por TAC, estereotáxica, endoscópica, entre otros. La resección quirúrgica por cirugía abierta está indicada cuando es absceso postraumático y que habrá que desbridar cuerpos extraños, así como en abscesos por hongos y que sea reactivo al tratamiento médico. Los factores de riesgo incluyen el uso de drogas, SIDA, infecciones pulmonares, fístulas arteriovenosas pulmonares, endocarditis bacteriana, heridas traumáticas penetrantes del cráneo, entre otros.

Actualmente, los resultados son casi siempre satisfactorios, debido al gran arsenal de antibióticos y la mayor disponibilidad de estudios de neuroimagen, como TAC y RMN de generaciones avanzadas. ^

Diversas causas Otra forma de diseminación es por contigüidad, como ejemplo la sinusitis nasal puruelenta, o infecciones del oído medio o mastoides. Una más es por trauma craneal penetrante por arma de fuego o directo por objetos secundario a accidentes automovilísticos; además, los abscesos secundarios a cirugías electivas del cerebro (estas últimas son cada vez menos frecuentes).

El organismo patógeno más frecuente es el estreptococo anaerobio o microaerofilico (30 a 50 por ciento de los casos). En infantes, los más frecuentes son los gramm negativos. La presentación clínica no es especifica en estos casos: puede ser por datos de hipertensión intracraneal (cefalea, náuseas, vómitos, letárgica). El papiledema es raro en menores de 2 años. Se puede, además, presentar convulsión, deterioro de alerta, entre otros.

Los estudios de apoyo diagnóstico pueden ser los siguientes: biometría hemática, con cultivo periférico de sangre; punción lumbar (se debe valorar de acuerdo a la hipertensión craneal), presenta un resultado anormal en 90 por ciento de los casos; proteína C reactiva (es inespecífica), estudios de neuroimagen: TAC de cráneo (incluyendo contraste), resonancia magnética cerebral.

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